¿Qué pensar?
Ante un mundo tan caótico, a veces es difícil tener una fe inquebrantable. He conocido muy pocas personas que la mantengan; otras ni siquiera la han experimentado, y también las hay que oscilan: a veces sí y a veces no. No cabe duda de que es legítimo creer y valorar lo que cada individuo siente como correcto. Cuando la propia vida emerge de sí misma con decadencia, el dolor se instala en nuestros corazones. Un ejemplo de ello es la pérdida de tus hijos o padres, alguna enfermedad complicada de sanar, etc. Nuestros días se llenan de pensamientos de impotencia y frustración, y en ese pozo es cuando, de pronto, resuena la esperanza. Creemos en la posibilidad de que ocurra un milagro; aun con un pronóstico muy desfavorable del médico, pensamos que nos podemos curar. Es como si viéramos la esperanza como el último cartucho, la última bala antes de morir. Desafortunadamente, y muy a nuestro pesar, ese arroyo de luz muchas veces no aparece. Por más que vayamos a especialistas, busquemos reme...